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dos universos bajo un mismo sol

ESCULTORA INES ROTELLA

INES ROTELLA. UN FARO DE LUZ. DE AMOR. DE BELLEZA. DE ARTE

 Son muchas las palabras que pueden definir a una persona a lo largo de su vida: sus trabajos, su oficio, su relación con los otros, en definitiva lo que engrandece la historia personal de una persona, su legado.... De Ines Rotella podemos decir que fue una escultora mendocina, docente, investigadora, profesora Emérita de la Universidad Nacional de Cuyo, artista y formadora de artistas a lo largo de 50 años durante los que volcó su tesón creativo, partiendo del año 1961, cuando participa en su primera muestra colectiva, a la que se agregarían muchas otras, sobrepasando las 200 en toda su carrera. Principalmente ha sido el hierro el material en el que ha volcado su esfuerzo, siendo una de las primeras en el país en realizar obras de concepción abstracta con dicho material y terminación policroma, lo que significa realizar denodadas tareas tales como corte, conformado, pulido y soldado, trabajos todos que requieren un gran esfuerzo e ímpetu.

Artista fecunda y tenaz, capaz de utilizar con total libertad técnicas y materiales, Nunca se restringió para modelar y esculpir: ha usado también vidrio, plástico, bronce, troncos al natural. Ha apelado a procedimientos heterodoxos, acaso porque es una técnica que ha desarrollado por su cuenta y que defendió fervorosamente. 

La escultura es algo muy especial, involucrás todo el cuerpo en el trabajo: es lo más parecido al teatro y a la danza”, describe con pasión...

Inés supo claramente que la construcción de una personalidad puede ser la lucha más dura de un artista. ¿Más si es mujer? “Sí, más”, asegura con razón. “Desde la niñez me atormentó la diferencia de genero, Nací en un hogar lleno de prejuicios fortalecidos por el contexto cultural de la época en un lugar como Mendoza… los varones de la familia eran poseedores de beneficios vedados a nosotras –mis hermanas y yo-, y cuando por fin conseguí que me dejaran estudiar -hice mi primer año del secundario recién a los 18 años- tuve que enfrentar también prejuicios en la escuela de Bellas Artes, por decidirme a experimentar con una estética distinta, por la necesidad de incorporar a las tres dimensiones formas que no tuvieran que ver con hechos cotidianos sino con el espacio y el tiempo, con lo abstracto, con lo puro, lo intangible, con el espíritu mismo.`

´Mis primeras improntas no figurativas transcurrieron paralelamente al trabajo académico impuesto por la cátedra, ignorante totalmente, a fines de los 50 de que en el mundo existía Picasso, Moore y toda la generación de artistas que desde comienzos del siglo XX hacían todo aquello que yo necesitaba hacer, romper con las formas tradicionales, con la figuración, buscando nuevas formas de representación, Los libros y revistas culturales en Mendoza eran escasos con relación a estos temas y en la facultad se abordaba al arte moderno en el ultimo año. Soporté burlas de mis compañeros y hasta el rechazo de algunos de los maestros más tradicionales y que años después premiaron mi obra en salones oficiales.´

Finalmente, logró despertar la curiosidad de algunos profesores como Héctor Nieto y asumirse: “Mirando las cosas y dejando que mi interior comenzara a gritar”. 

Hace años, Rotella tal vez entendió la eficacia de lo no-figurativo como provocación pura, pero seguramente inspirada en una cruzada mayor: el arte como riesgo, como liberación. Se puede sentir al ver sus esculturas, su fascinación por la libertad y el espíritu, como forma y como mensaje.

Una de las frases de Inés, que parece ser parte de toda su existencia dice “ pienso luego trabajo, trabajo luego reflexiono, reflexiono, luego me custiono, me cuestiono luego dudo, dudo luego intento, intento luego mejoro, mejoro luego me pregunto, me pregunto, luego busco, busco luego encuentro, me encuentro luego me pierdo, me pierdo y empiezo de cero´´.